Educação, transformação e inclusão na prática docente

ISBN: 978-65-86101-67-6

Autor/Organizadores: Daniele Lopes Oliveira; Vinicius Seabra

PREFÁCIO

Apoyar el sueño de un mundo mejor y adherirse a él es entrar en el proceso de crearlo, un proceso de lucha profundamente anclado en la ética. Una lucha contra cualquier tipo de violencia, contra la violencia sobre la vida de los árboles, de los ríos de los peces, de las montañas, de las ciudades, sobre las huellas físicas de las memorias culturales e históricas; sobre la violencia ejercida sobre los débiles, sobre los indefensos, sobre las minorías ultrajadas; contra la violencia que sufren los discriminados, no importa la razón de la discriminación. Una lucha contra la impunidad que en este momento se fomenta entre nosotros el crimen, el abuso el desprecio hacía los más débiles, el desprecio ostensible hacia la vida (Paulo Freire)

Las relaciones entre las políticas públicas en América Latina y las instituciones públicas no están exentas de muchas de las tensiones que marcan históricamente la vida social contemporánea: acuerdos, innovaciones, conflictos, continuidades, entre otros. En otras palabras, el mundo está cambiando y en consecuencia las instituciones educativas advierten la necesidad de participar en estos procesos de transformación.

Por ejemplo, en la actualidad, vivimos en una época de conflictos de paradigmas, positivista, mecanicista ahora lo que se intenta tener una visión holística, más integral, más compleja que promueva una nueva conciencia humana, con orientación planetaria (MORÍN, 1994). Hoy se pretende no solo hacer un cambio de paradigmas, en la ciencia, sino en el más amplio sentido social y ético[1]. Lo que significa tener una constelación de principios filosóficos, valores, percepciones y práctica socioculturales comprometidos con un quehacer comunitario. Es decir, se está planteando una particular visión de la realidad que, a su vez, sea la base del modo en que dicha comunidad se organiza. No debemos olvidar que lo alternativo, lo nuevo, no es una nueva herramienta, sino una forma diferente de ver el mundo.

Esta manera diferente de ver la realidad significa pensar en los demás, en nosotros mismos, es decir implica un cambio a fondo de nuestra mirada, en nuestras concepciones. Toda la vida y todos sus problemas están interconectados, y no se puede decir que son interdependientes o que debe existir otras lógicas, otras formas de ver el mundo natural y social. En otras palabras, hoy se está poniendo en juego otra forma de pensar. Todos estamos de acuerdo, que es fundamental un cambio radical en nuestras formas de ver la realidad y la forma de hacer las cosas. Consecuentemente, todo ello requiere cambios profundos en nuestros valores, en nuestras prácticas identitarias y culturales más arraigadas. Por lo tanto, se plantea un mayor compromiso con la convivencia, la cual genere profundas conexiones con toda la humanidad, con todos los seres vivos, con el planeta Tierra y el cosmos en general. Lo cual implica pasar definitivamente a una nueva preparación académica que coadyuve a una mayor solidaridad, a un mayor cuidado de la naturaleza y en general tener un compromiso ético con la sociedad.

El desafío de la globalidad es, por lo tanto, al mismo tiempo el desafío de la complejidad. En efecto, existe complejidad cuando no se pueden separar los componentes diferentes que constituyen un todo (lo económico, lo político, lo sociológico, lo psicológico, lo afectivo lo mitológico) y cuando existe tejido interdependiente, interactivo, e inter-retroactivo entre las partes y el todo, el todo y las partes. Ahora bien, los desarrollos de nuestro siglo y de nuestra era planetaria nos enfrentan cada vez más y con mayor frecuencia y de manera cada vez más ineluctable con los desafíos de la complejidad (MORÍN, 1999, p. 14).

Tanto el Estado a través de sus políticas educativas y las instituciones académicas construyen ideas y prácticas a cerca de lo que hay que hacer. Sin embargo, hoy existe la pregunta de los deberes de ambas instituciones. La pregunta ahora es ¿qué hay que cambiar?; ¿a quién le toca esta responsabilidad?; ¿con que enfoques y metodologías trabajar?;¿cómo reorientar el tiempo en las aulas?; ¿cómo posicionan más la tarea del aprendizaje en la era digital?; ¿cómo mejorar la actitud de sus actores?; ¿cómo influyen las relaciones socio económicas y culturales en estos cambios?; ¿cómo asumir la incertidumbre y la complejidad? Entre otras.

Esta dicotomía entre el ser y el deber ser invade todos los territorios en la vida social, pero difícilmente pueden encontrarse ejemplos tan extremos como en educación. Los descubrimientos y resultados, por supuesto que provisionales y parciales de las investigaciones en ciencias de la educación no parecen ni siquiera inspirar e iluminar las prácticas pedagógicas convencionales (PÉREZ GÓMEZ, 2012, p. 14).

En otras palabras, el mundo está cambiando y en consecuencia las instituciones educativas hoy se advierten varias tensiones en las relaciones académicas y sociales cotidianas. El no cumplimiento de estas obligaciones en muchos planteles educativos es vivido como desconcierto y mucha preocupación. Porque se supone que en estos espacios académicos sus docentes se encuentran con una formación profesional que en teoría los habilita para resolver estas problemáticas.

Sin embargo, en los hechos no es así, por lo tanto, esto se ha considerado importante y consecuentemente traer a la mesa de los debates, su tipo de formación, porque lejos de dar por sentado esto, hay que superarlo en los hechos. Los docentes, por su parte, está obligado a tener una profesionalización tal, que le permita enfrentar estos nuevos planteamientos con un sentido crítico y actúe de tal manera que se promueven cambios en la vida académica de los planteles. pero sobre todo que se asuma la importancia del fomento de los llamados temas emergentes (QUINTANA y APARICIO, 2015)[2] en la educación, entre los que destacan la diversidad sociocultural e interculturalidad y la diversidad de capacidades, los avances en las tecnologías, entre otros.

Desde la visión del Estado, la sociedad civil y los padres de familia, se pide que los docentes deben de situarse en el contexto actual marcado por profundos cambios sociales y por la fragilización que hoy viven muchas nuevas relaciones sociales. Pero también constituye una preocupación que encierra varios sobres entendidos. Una buena educación supone que los profesores, están bien formados y que manejan muchos de los principios pedagógicos, psicológicos y educativos innovadores, los cuales son bien “conocidos” y “aceptados”, y “acordados por ellos. Aunque, por otra parte, se supone que éstos, están bien pagados y que poseen todas las condiciones para actualizarse, investigar, preparar sus clases, dar acompañamiento tutorial, evaluar a grupos numerosos entre otros, (lo cual está muy lejos de ser realidad).

El desarrollo del pensamiento crítico no se agota o se restringe en la capacidad de superar los límites disciplinarios, ni siquiera en el reconocimiento de la complejidad de lo real (en descubrir esas complejidades), tiende a realizarse, de manera más plena, cuando puede actuar sobre las realidades complejas. La utopía se convierte en política que transforma en imposibilidad (en el contexto del orden establecidos) en posibilidades de potenciación del sujeto (al transformar lo inacabado de la realidad) (GANDARILLA, 2014, p. 26).

En las instituciones educativas se ve todavía normal que sus docentes sigan trabajando didácticamente, con fundamentos epistémicos o académicos que en los hechos han sido superados. Muchos docentes consideran indispensable, seguir laborando en la comprensión, de un saber mono disciplinario toda poderoso que es capaz de centrar la interpretación y la argumentación de los diversos contextos sociales y naturales; desconociendo el dominio de las interacciones de nociones abstractas de convivencia, género, inclusión, diversidad y derechos humanos entre otros. Al sistema educativo hoy le compete atender de manera más crítica el conocimiento relacionado con el ideal del saber trabajado a través de disciplinas como se puede apreciar todavía, en la existencia de muchos planes de estudio que tienen un carácter fragmentario. Esto es preocupante, tomando en cuenta que las instituciones educativas están comprometidas con la interpretación de una realidad contextual multicausal que viven muchos estudiantes.

Por más que este inserta en un conjunto más vasto una disciplina, tiende naturalmente hacia la autonomía, por medio de la delimitación de sus fronteras, por el lenguaje que se da, por las técnicas que tiene que elaborar o utilizar y, eventualmente, por las teorías propia, La organización disciplinaria se instituyo en el siglo XIX, especialmente en la formación de las universidades modernas, luego se desarrolló durante el siglo XX, con el surgimiento de la investigación científica. Quiere decir que las disciplinas tienen una historia: nacimiento, institucionalización, evolución, envejecimiento, etc.; por lo tanto, la disciplinas se incluyen en la sociología de las ciencias y en la sociología de conocimiento (MORÍN, 1999, p. 115).

En ese contexto resulta poco satisfactorio, advertir que varios países en América Latina, articulados Banco Mundial y Banco Interamericano de desarrollo, promueva la implantación de estándares básicos de calidad académica, con el fin de que las instituciones educativas cuenten con un referente común que asegure el dominio de conceptos y competencias básicas para alcanzar desempeños satisfactorios en su actividad personal y laboral.

Sin embargo, se le olvida vivir en sociedad y participar en ella, no toda la población tiene los mismos intereses de desarrollo ni tampoco se encuentra en igualdad de condiciones. Al integrar al discurso de la educación el concepto de competencias por competencias, sin un vínculo social y político, se suma a un término más a la cadena de denominaciones de la educación de corte neoliberal. No obstante, esta postura teórica no encuentra correlato en el reconocimiento de los derechos de los otros. En consecuencia, los conflictos la decisión final adoptada a través de procedimientos formativos en esencia se encuentra creando conflictos es casi siempre violentada o desafiados en el contexto de la diversidad cultural y en la diversidad de capacidades humanas.

Como se puede apreciar la escuela en su cotidianidad se encuentra en tensión permanente entre el discurso de fomento a la homogenización y el apoyo a la diversidad sociocultural con un enfoque centrado en competencias, el cual con frecuencia se imparte de manera más abstracta y libresca que en los hechos es contradictoria con sus propios postulados del enfoque y con la experiencia diaria individual y colectiva de los pueblos originarios. La colectividad y la familia; es un espacio donde contrasta el esfuerzo por hacer del currículo y de sus dispositivos enseñanza para promover modos y estilos de convivencia no violentos que se encuentra enfrentado a prácticas de muchos de los medios de comunicación e información que con frecuencia enseñan que la violencia como algo rentable porque se pueden obtener recursos económicos de manera sencilla y porque, en más de una ocasión, resulta normal convivir con este tipo de prácticas por los niveles de corrupción que existen en muchas dependencias públicas de impartir justicia. ingenuo someterse a las reglas del juego.

El agregado sucesivo de desigualdad, violencia, narco tráfico, corrupción e impunidad que mantiene varios países en América latina, refuerza constantemente las especificidades de la condición de desigualdad económica para distintos sectores de la población entre los que se destacan los pueblos originarios. El Estado a través de sus prácticas de planeación curricular persiste también la idea de negar la existencia de un conflicto sociocultural, para lo cual estableció Universidades y Escuelas normales exclusivas y aisladas para este sector de la población. Asimismo, últimamente ha modificado diversas leyes a favor de este sector social. Situación que en los hechos son prácticas de discriminación y exclusión. Mientras en las aulas se sigue trabajando de la misma manera de siempre.

En México, la creación de instituciones de educación intercultural tiene como antecedente movimientos sociales que reclaman los derechos de los pueblos indígenas. Niños y jóvenes de regiones rurales o pertenecientes a grupos indígenas permanecían excluidos de los espacios educativos, debido a que el proyecto educativo mexicano había operado con la idea de construir una identidad nacional, homogenizando las culturas existentes, erradicando prácticas, lenguas y tradiciones de los pueblos originarios (MATEOS y DIETZ, 2014, p. 46).

Por otra parte, se, insisten en que los acontecimientos que se dan en las instituciones educativas de discriminación niños y jóvenes con capacidades diferentes o especiales y violencia de género son reflejos de la dinámica social y familiar, donde el Estado nada tiene que ver: consecuentemente se considera que los planteles educativos están obligados a poner prácticas de convivencia e inclusión, que apoyen con esta problemática. Sin embargo, este quehacer que hoy se da en las instituciones es insuficiente, ya que el estilo educativo cimentado por el Estado en otros tiempos de promover premisa homogenizantes, fragmentarias con roles sociales, claramente delimitados, ocasionan que esta tarea en los hechos sea muy difícil de cumplir.

Sin embargo, hoy los padres de familia viven un sentimiento mayor incertidumbre que se da al interior de estos espacios educativos es que todo está cambiando. Por ejemplo, en relación con sus prácticas sociales cotidianas estas se están modificando, como los deberes económicos y tareas hogareñas que en otras épocas estaban claramente definido, también se están redefiniendo. Con la mayor difusión de los derechos humanos en los diferentes entornos, esto ha implicado también que los centros educativos hoy revaloren más sus funciones de respeto a la diferencia.

Actualmente en algunas escuelas del nivel básico se está pidiendo a los padres de familia que reconsideren su función de deshacerse de sus hijos para llevarlos a las instituciones educativas para que los docentes se hagan cargo de su formación, aludiendo que esta es su tarea social, sin embargo, a éstos se les pide un mayor compromiso en los trabajos académicas asignados por sus profesores.

Un sentimiento generalizado hoy es que, dentro y fuera de la escuela, algún tipo de orden se ha alterado. También con referencia a las familias. Como tantos educadores lo expone, las familias son otras y cambiaron mucho (SANTILLÁN, 2009, p. 14).

Las relaciones familiares, han cambiado de manera radical por ejemplo Santillán (2009) destaca que hoy es común encontrarse matrimonios heterosexuales viviendo de manera normal bajo un mismo techo padres e hijos. También en los medios es común escuchar el incremento de feminicidios, el cual es muestra de las rupturas de los roles tradicional, en donde en otra época se veía normal la delimitación de roles. Sin embargo, hay se destaca que en otras épocas se veían situaciones de maltrato, como algo normal, sin embargo, hoy se han incrementado porque hay más igualdad económica y de formación académica entre los géneros, lo cual implica una resistencia natural a cambiar los roles sociales.

La novela y las películas nos permiten ver las relaciones del ser humano con el otro, con la sociedad con el mundo. La novela de fines del siglo XIX y la filmografía del siglo XX nos transportan a través de la historia y de los continentes, a la guerra y la paz. Y el milagro de una gran novela como de una gran película consiste en revelar la universalidad de la condición humana sumergiéndose en la singularidad de los destinos individuales localizados en el tiempo y en el espacio (MORÍN, 1999, p. 46).

Por otra parte pensar que los estudiantes, hoy tienen características uniformes como se especulaba en otras épocas y que su función era anotar y cumplir con lo que al profesor se le ocurría, hoy se olvida que los niños y jóvenes son otros, ahora varios de ellos tienen acceso a muchos medios de comunicación e información y consecuentemente cuentan con sinnúmero de habilidades académicas, como saber buscar información, facilidad para leer y escribir rápidamente, están actualizados en diversos programas digitales, temas académicos, entre otras cualidades.

El mundo contemporáneo lo que importa no es tanto el volumen de conocimientos acumulados sino lo que cada uno es capaz de hacer con ello, no tanto la retención memorística de una amplia gama de hechos científicos o históricos sino la capacidad y el deseo de utilizar el método y el espíritu científico, para hacerse preguntas relevantes, formular hipótesis, recoger evidencias, analizar, proponer, experimentar y crear (PÉREZ GÓMEZ, 2012, p. 20).

Por tal motivo el maestro ahora requiere tener la mirada en otras preocupaciones como el lograr que sus estudiantes, posean un pensamiento crítico, creativo, y reflexivo sobre su contexto; sobre cuestiones actuales y relaciones sociales; que tengan un desarrollo armónico de sus emociones y habilidades académica; que posean un desarrollo de su identidad social y profesional; un sentido a la tarea educativa asignada; pero sobre todo, actitudes y valores que le permitan tener un compromiso académico, ético, social y político.

De hecho, los proyectos de reformas actuales en torno de este agujero negro que sigue siendo invisible. Solo sería visible si se hubiesen reformado las mentes. Y aquí llegamos a un punto muerto: no se puede reformar la institución sin haber reformado previamente las mentes sino se reformaron previamente las instituciones (MORÍN, 1999, p. 103).

En otras palabras, estos cambios y búsqueda de innovación van más allá que estos impulsos circunstanciales que marcan nuestros tiempos. Requiere ahora conocer diversas experiencias tecnológicas y académicas que tienen sus estudiantes con miras a favorecer nuevos hábitos intelectuales, que los preparen para un diferente escenario donde ahora todo es más sencillo y práctico, pero al mismo tiempo, es más complejo por sus influencias globales que difunden los medios. Circunstancia que, al mismo tiempo, lo convierten un quehacer normal ya que muchos niños y jóvenes están llenos de aparatos. Consecuentemente, se requiere que sus docentes tengan a su vez altos niveles de creatividad, conocimiento y habilidades para reconstruir y construir nuevas formas de pensar a convivir través de estos medios. Se requiere también de un saber arriesgarse a desenvolverse en estos contextos de incremento y cambio constante de tecnologías digitales.

En la última década ha tomado gran fuerza el concepto de convivencia escolar, en muchos casos es utilizado como subordinado al de violencia y, por tanto, se le reduce a una vía remedial o de prevención de este fenómeno, sin embargo, implica analizar las formas cotidianas de trabajo de los docentes y las formas de convivencia de los estudiantes. Desde este enfoque, el fomento a la armonía escolar deber ir más allá de una apuesta política para regular y disminuir el impacto de los conflictos escolares que se manifiestan a través de la indisciplina y la violencia en las escuelas (FULLAN y HARGREAVES, 2001).

Desde otra perspectiva, es importante definir a la convivencia como todas aquellas acciones de corte pedagógico y didáctico que permiten que los docentes y estudiantes puedan vivir juntos a través del diálogo, el respeto mutuo, la reciprocidad y la puesta en práctica de valores democráticos que ayuden a construir una cultura para la paz (GOROSTIAGA, 2000). La convivencia remite a la calidad de las relaciones interpersonales que se han construido en la institución y que dan lugar a un determinado clima escolar que, a su vez, influya sobre éstas. Esta manera de búsqueda, teórica y filosófica de generar una convivencia positiva es una meta esencial de la educación y no puede entenderse exclusivamente como una reacción ante la aparición de determinados conflictos (GOROSTIAGA, 2000).

Con base en términos similares, la convivencia en espacios educativos, es la interrelación entre los diferentes miembros de un establecimiento educacional. No se limita a la relación entre las personas, sino que incluye las formas de interacción entre los diferentes estamentos que conforman una comunidad educativa, por lo que constituye una construcción colectiva y es responsabilidad de todos los miembros y actores educativos sin excepción (TOURAINE, 1997).

Las instituciones educativas, actuales atraviesa una grave crisis de convivencia y falta de respeto a los derechos humanos. Los niveles de violencia, inseguridad y criminalidad que afectan todos los ámbitos de la vida pública y privada, dan cuenta de un alto grado de descomposición social y, a la vez, de la condición de fragilidad en que se encuentran actualmente nuestras instituciones en diversos aspectos relacionados con la cultura de la legalidad.

De ahí la importancia de posibilitar un enfoque inclusivo[3] como respuesta a la orientación de unas sociedades en las que los procesos de exclusión social son cada vez más fuertes y, por esa razón, empujan a un número cada vez mayor de ciudadanos a vivir su vida por debajo de los niveles de dignidad e igualdad a los que todos tenemos derecho como seres humanos (ECHEITA, 2006), la educación centrada en la inclusión es un medio para que la sociedad aprendan a respetarse y relacionarse de una manera armónica con los distintos sectores de su vida cotidiana.

La educación inclusiva hace un llamado a apoyar y asumir la diversidad cultural y de capacidades, porque lo normal es el respeto a la diversidad en la vida cotidiana ya que diferencia de la existente en esta han coexistido en todos los niveles de competitividad y de descalificación. Aquí los importantes eran los blancos de piel, los altos promedios, los que tenían más recursos económicos, los que tenían mejor posición social entre otros. Sin embargo, hoy una de las tareas urgentes en las instituciones educativas es transformarse y eliminar la exclusión social que se deriva de actitudes y de respuestas a la diversidad en raza, clase social, cultura, religión, género y de capacidades.

El mundo de la vida es un mundo inacabado, en movimiento. Sin embargo, en un momento particular de nuestra experiencia histórica, nosotros, mujeres y hombres, conseguimos hacer de nuestra existencia, algo más que vivir. En cierto sentido, los hombres y las mujeres inventamos eso que se llama “la existencia humana”, nos pusimos de pie y liberamos las manos; la liberación de las manos es en gran parte responsabilidad de lo que somos. La invención de nosotros mimos como hombres y mujeres, fue posible a que liberamos para usarlas en otras cosas. No tenemos fecha de ese evento que se pierde en el fondo de la historia. Hicimos esa cosa maravillosa que fue la invención de la sociedad y la producción del lenguaje (FREIRE, 2010, p. 28).

Hoy la convivencia escolar, se ha considerado de gran relevancia para la formación humana a tal extremos que se ha convertido en una práctica normativa, sin embargo no es un tema del todo novedoso, aunque en los últimos años haya adquirido una importancia capital, que se ve reflejado en el Informe a la UNESCO por parte de la Comisión Internacional sobre la Educación para el Siglo XXI, presidida por Jacques Delors, la cual título “La educación encierra un tesoro” (1996), y la destaca en dos de sus cuatro pilares de la Educación que un mundo justo necesita: aprender a vivir juntos y a ser.

El primer desafío de la globalización. Es el más obvio, asi que no me detendré en él demasiado tiempo. Y no todos los países lo experimentan en la misma medida. Consiste tener en mente el ámbito local frente al global, así como buscar a la vez nuestras raíces y los modelos a seguir. Cuando formamos a nuestros jóvenes, jamás debemos perder de vista que tendrán que habitar en un mundo donde varias culturas se estarán rozando y aun enfrentando, y que en la superioridad que solemos atribuirle a nuestra civilización occidental pronto se disipará. No perdamos de vista, sin embargo, que perdurara un hecho: a saber, que lo que verdaderamente trascendental a la hora de encarar los desafíos de la globalización es la educación o la capacidad de aprender a convivir con los demás (DELORS, 2017, p. 20).

El enfoque inclusivo en los planteles educativos en la actualidad significa promover relaciones formativas basadas en la reflexión, la comunicación, el diálogo, la colaboración y la transformación de esas prácticas ideológicas. Es decir, se trata de favorecer procesos igualitarios, de conocer, comprender y valorar a los individuos como seres humanos, y respetar sus prácticas e identidades cultural en que viven; es importante propiciar procesos de participación plena, de indagación abierta y constructiva, y crear espacios para el diálogo y la deliberación, para hablar y pensar juntos; consecuentemente construirse como persona para trabajar hacia el bien común, tratando de vincular ideas con proyectos y acciones específicas (TOURAINE, 1997).

Un enfoque inclusivo en trabajo cotidiano en las aulas debe ocupar un lugar central para construir interacciones de respeto a las diferencias que reconozcan, aprecien y hagan de la diversidad un recurso fundamental del aprendizaje, lo cual controvierte la tradición en las culturas escolares dominantes, en las que se destaca el igualitarismo en la parte normativa, pero, de hecho, niega las diferencias entre los niños y jóvenes.

Hoy aprender a convivir en un ambiente de respeto, hacia la diversidad cultural y diversidad de capacidades beneficia el aprendizaje y promueve el desarrollo de la autoestima, la valoración y el respeto que merecen las demás personas[4]. Por ello, la convivencia escolar no es de ninguna manera un asunto que se deben de agotar en la relación interpersonal. Remite a destacar la importancia de promover grupos de gestión y el emprendimiento social[5] en todos sus ámbitos: la organización del trabajo de todos los implicados en las instituciones educativas a través de la organización escolar y la participación comunitaria.

Las prácticas de inclusión, puede favorecer la participación y la corresponsabilidad o la subordinación. Por ejemplo, hoy la violencia es una entre muchas posibles adjetivaciones que adquiere la convivencia en las instituciones educativas. La violencia no es ausencia de convivencia, sino una forma particular de convivir en la que está ausente el diálogo, el aprecio y respeto hacia el otro. Por tanto, es necesario que un grupo de autoridades y docentes comprometidos revisen qué tipo de formas de convivencia que se promueven en los planteles educativo, como cultura escolar instituida.

Hoy se requiere que las instituciones educativas, a través de sus investigadores y docentes, revisen varias experiencias públicas que analicen la inclusión y las formas de convivencia que, a su vez, generen espacios de emprendimiento educativo que posibiliten, gestionar la convivencia escolar como un acto que tiene que ser entendido como un quehacer eminentemente natural y cuya realización tiene como núcleo principal la manera en que se estructura y organiza el quehacer colectivo de los maestros. Unas sus tareas académicas a promover prácticas de convivencia que comprometan, a sus directivos, docentes, estudiantes y padres de familia es su involucramiento en la toma de decisiones y la actuación de los distintos problemas de convivencia que se dan en sus instituciones educativas.

Si bien las prácticas de emprendimiento educativo a favor de una gestión que favorezca la convivencia centrada en el fomento de la diversidad cultural y diversidad de capacidades, hoy se presenta como un concepto complejo. (FULLAN y HARGREAVES, 2001). Sin embargo, sus teóricos y los ejemplos que se incluyen en este libro colectivo permiten considerar la importancia de los aspectos político-normativos, los administrativos, las prácticas pedagógicas y didácticas, como intervinientes en perfilar las complejas redes de interacciones de docentes que se construyen en la vida cotidiana de las instituciones educativas. En consecuencia, las experiencias de investigación de este libro ayudaran a favorecer la capacidad de emprendimiento educativo a varios docentes de una misma institución. Lo cual también, implica, comprender por qué, en cada experiencia educativa situada en un tiempo y espacio determinados, puede aportar ideas para la mejora de la convivencia humana y los rasgos que la caracterizan. Por lo tanto, se espera que este texto le posibilite un mayor disfrute individual o colectivo. Sobre todo, cuando lo que se buscan formar o formarse de otro modo, con miras a la construcción de mundo posible, donde exista una mayor convivencia y una mejor forma de vivir.

Prof. Dr. Antonio Carrillo Avelar
Universidad Pedagógica Nacional (UPN)
Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
Mayo de 2020

1- […] El proceso educativo es sobre todo ético. Exige de nosotros constantes pruebas de seriedad. Una de las buenas cualidades de un profesor, es darle testimonio a los alumnos que la ignorancia es el punto de partida de la sabiduría, que equivocarse no es un pecado, sino que forma parte del proceso de conocer y que el error es un momento de la búsqueda del saber (FREIRE, 2013).

2- Temas emergentes en educación, se entiende la capacidad prospectiva a la respuesta en el tiempo a cambios teóricos, conceptuales o paradigmáticos que se han manifestado o que están por ocurrir. Llamaremos temas emergentes a los que dan cuenta de novedades fácticas o teóricas, escasamente tratadas y cuyo ulterior desarrollo conducirá a una definición nueva del campo de estudio (ROJAS, 2015, p. 15).

3- Desde la lógica del positivismo de fragmentar el conocimiento, y las habilidades de las algunas personas, muchas personas fueron sometidas a la exclusión social, ya sea por deficiencias cognoscitivas, físicas, religiosas, económicas, de pensamiento, entre otras. Lo anterior les ha negado un desarrollo integral, a varios sectores de la población creando brechas que divide la sociedad en dos, los incluidos y los excluidos. Con el enfoque inclusivo se le busca dar voz, aquellos grupos que en otras épocas han sido silenciados (RAMÍREZ, 2017).

4- Las instituciones educativas de ninguna manera pueden sustraerse de la dinámica que permea todos los ámbitos de la sociedad. Hoy hay desconcierto y preocupación creciente entre los docentes, directivos y autoridades educativas por los niveles de violencia y discriminación que existen en varios escenarios educativos, como familias, grupos de niños y jóvenes, relaciones de pareja entre otros. En este sentido se promueven diversos programas remediales, cursos y conferencias orientados a ofrecer información sobre temas relacionados con la convivencia escolar y la prevención de distintos tipos de desencuentros sociales.

5- La gestión para el emprendimiento educativo significa crear un nuevo aprender, que genera habilidades expresivas ayudan a comprender el mundo. Es decir, fomentar la gestión para el emprendimiento significa crear un grupo de autoridades y maestros, que juntos lucharan por cambiar la cultura escolar instituida en una institución educativa, saben que errar es aprender, sabe que no hay que tener miedo a equivocarnos; que crear significa iluminar la nueva educación y que la colaboración que impregna al espíritu de un plantel educativo es la forma de construir juntos. Incluso saben que en una etapa de formación no todos sus cómo compañeras y compañeros quieren prepararse o instruirse, en un movimiento de gestión para el emprendimiento a nadie se obliga, pero se espera que en un futuro cercano también todos se convenzan de participar en los cambios a instituir en la vida académica de un centro educativo. Es decir lo que más hay que cambiar, la idea preconcebida y cultural del maestro, que significa enseñar es informar es cumplir con un programa, pero no forma hábitos no cuestionar la realidad, no hacer reflexionar entre otros en la red en el espacio de aprendizaje de nuestra era.,

REFERENCIAS


DELORS, J. La educación encierra un tesoro: a 15 años después de la prender a saber, aprender a hacer, a prender a convivir con los demás, aprender a ser. ¿Qué valor posee ese tesoro15 años después de su publicación? en Reformas políticas educativas, enero/abril, México: F.C.E, 2017.

ECHEITA, G. Educación para la inclusión o educación sin exclusiones. Madrid, Narcea, 2006.

FREIRE P. El grito manso. México, Siglo XXI, 2013.

FULLAN, M. y HARGREAVES A. La escuela que queremos, Los objetivos por los que vale la pena luchar. México, SEP/Amorrortu, 2001.

GANDARILLA, J. G. Universidad conocimiento y complejidad; aproximaciones desde un pensar crítico. La Paz, CIDES/UMSA, 2014.

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MEL AIN DELORS, J. Los cuatro pilares de la educación en La educación encierra un tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisión internacional sobre la educación para el siglo XXI. Madrid: antillana/UNESCOBooth, T. y AINSCOW, M. (2011). Index for Inclusion. Developing learning and participation in schools. Bristol: Centre for Studies on Inclusive Education (CSIE), 1996.

MORIN, E. Introducción al pensamiento complejo. Barcelona, Gedisa, 1994.

MORÍN, E. La cabeza bien puesta, repensar la reforma. Reformar el pensamiento: Bases para una reforma educativa. Buenos Aires: Nueva Visión, 1999.

PÉREZ GÓMEZ, A.I. Educarse en la era digital. Madrid: Morata/Colofón, 2012.

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RAMÍREZ, W. A. La inclusión: una historia de exclusión en el proceso de enseñanza-aprendizaje en Cuadernos de Lingüística Hispánica. n°. 30 julio – diciembre, pp. 211-230, 2017.

SANTILLAN, L. Familias y escuelas: de responsabilidades y demandas que cambian, en Revista Novedades Educativas. No. 222, junio, pp. 14-17, 2009.

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